Santorini en 10 planes

Santorini

Nuestro viaje a las Islas Griegas dio mucho más de sí de lo que pensábamos cuando nos subimos a aquel avión a altas horas de la madrugada.  Ha sido tierra de contrastes, de mitos y leyendas, de perderte entre la gente y encontrar lo auténtico. Primero fue el glamour de Mykonos, después el paraíso en Paros y Antiparos y, como no podía ser de otra forma, el broche final fue el fuego.

Santorini era mi asignatura pendiente con YSIFLY desde hace un par de meses y, creo que me resistía a escribir este post por no cerrar todavía el capítulo Islas Griegas. Sin embargo, como en todo, para que te conquiste un nuevo libro, es preciso terminar el que tienes a medias, así que ha llegado el momento de llevar Grecia hasta el álbum de lugares increíbles que alguna vez visité. Hoy, en 10 planes:

Explotación animal, pobres burros :(

1. Llegar, alucinar con el (aero)puerto y pelearte: en nuestro caso la llegada fue por mar, pero la sensación es también aplicable a cuando lo haces en avión. Te encuentras con un (aero)puerto treméndamente pequeño del que es imposible salir andando. Pronto, comienza la avalancha de comerciales ofreciéndote alquilar un coche, un quad, una moto, una plaza de bus o, si hace falta, que te lleven a borriquitos.

Nuestra idea inicial era alquilar el coche cerca del hotel pensando en que los precios serían más competitivos, pero visto el percal y la ruta que íbamos a hacer con el bus, preferimos ahorrarnos este trayecto y alquilar aquí directamente el coche: llega el momento del regateo. Soy treméndamente reacia a esta práctica, pero sin quererlo, más pronto que tarde me vi afinando mis técnicas de negociación. Escogimos el que nos pareció más rentable de tres, pero confieso que probablemente el agobio que tenía, fue quien eligió.

El puerto

En cualquier caso, creo que acertamos: alquilamos un Peugeot 207 de 5 puertas durante 4 días y pudimos dejarlo en el aeropuerto a las 2 de la mañana, con seguro a todo riesgo por 130€ en total (franquicia de 300€, que esto te lo dicen casi cuando ya has firmado).

2. Recorrer la isla en coche: las carreteras de Santorini cumplen el patrón de Mykonos: son caminos de cabras. Es decir, carreteras estrechas, sin arcén ni farolas donde los contrarios pasan fingiendo que no te han visto casi rozarles. Aún con ello, creo que están relativamente bien señalizadas y que es posible encontrar gasolineras cada pocos kilómetros.

Sitios a los que sólo llegas en coche

Esto en las principales; para llegar a algunas playas como la blanca o negra, me visualicé empujando el coche por momentos: se trata de caminos de tierra bastante empinados y no precisamente uniformes. Precisamente, por esto, es por lo que jamás recomendaría alquilar una moto en Santorini: o coche o quad, pero nada de motos que probablemente bajen, pero jamás suban.

Otra de las cuestiones que me llamó la atención, es que no vi ni un solo policía durante todo el viaje. En Santorini en concreto, tal vez me llamó más la atención porque íbamos con el coche (sí; esto lo digo porque el “si bebes no conduzcas” depende de tu integridad física, y no de las multas o controles que jamás te harán).

En Santorini, fatal

3. Comer un gyros: o dos. O tres. O los que hagan falta. He vuelto maravillada con la comida griega en general y, con este plato en particular. Absteneros de decirme que es igual que un kebab porque entonces os diré que no tenéis ni idea. Sí, me encantan los kebabs, pero los gyros juegan en otra liga (de comida basura, sé un rato).

Oia (no tengo fotos de gyros, no les di tiempo)

Aparte de esto, lo he comentado en los otros post de Grecia que sí escribí cuando tocaba, pero de verdad que en Grecia está todo buenísimo: el pescado fresco, la moussaka, el queso (hasta el feta), las ensaladas, todo lo dulce… ¡incluso el yoghurt! que me pareció más enfocado a turistas que autóctonos.

4. Ir a la playa roja: eso sí, este plan lo harás tú y cientos como tú. Pero no importa: es un must que recomiendo encarecidamente. La playa roja es transportarte por momentos a Marte o imaginarte protagonizando películas en el Planeta vecino.

Es muy pequeña y, aunque parece virgen, ojalá no hubiera ni la mitad de gente que hay para disfrutar de ese enigmático encanto. Y ojalá también no pasará el barco-taxi gritando cada dos minutos que por un euro te lleva a la playa blanca o negra. Pero repito, no importa: a la playa roja hay que ir sí o sí para disfrutar de los dos colores más bonitos del mundo: el rojo pasión y el azul verano.

5. Volverse loco buscando las playas blanca y negra: A ver, igual soy yo muy escéptica o cada vez estoy más disconforme con el postureo actual, pero de blanca y negra tienen lo que yo te diga. Sinceramente, creo que es puro marketing para rentabilizar el encanto que la playa roja sí tiene.

Playa negra

Teóricamente, a la playa blanca sólo puedes llegar en barco-taxi pero, a la negra, sí que es posible llegar en coche, están las tres seguidas. Cuando llegué, busqué los colores que les daban nombre, y tuve que figurarme a qué se debía. La blanca, tiene la piedra de la pared más clarita obviamente que la roja (pero no es blanca, es color piedra normal) y, la negra tiene las piedrecitas volcánicas que caracterizan a toda la isla (de nuevo, son bastante más negras las piedrecitas de Perívolos y Kamira). Lo dicho: recomiendo ir a la playa roja, pero a la blanca y negra sólo si sobra tiempo.

6. Quejarte por no haber llevado los escarpines: o, como en mi caso, dejarlos en el coche por algún motivo que aún no alcanzo a comprender. Todas las playas son de piedritas, algunas más pequeñas donde es más fácil andar, pero otras más grandes donde es imposible mantener la dignidad al salir del agua.

piececitos

Ciertamente, dudo que con escarpines puedas salir de forma elegante en las playas con piedra grande, pero creo que merecerá la pena intentarlo. Las piedras pueden llegar a ser un fastidio, sí, pero que el agua sea tan cristalina es en parte gracias a ello y, cuando te ves capaz de verte las uñas de los pies, sumergida hasta el cuello: guau, ¡te das cuenta de que merece la pena!

7. Ponerte tu mejor modelito para ver la puesta de sol: y cuando hablo de mejor modelito, me refiero al outfit que te plantaste para la boda de tu hermana. Dar un paseo por Oia o Fira a eso de las 19:30 o 20:00 es sentir primero que no estás a la altura y, segundo, levantar la cabeza bien alto por entender que una puesta de sol como esa, es mucho más que una foto de perfil.

Y claro, para conseguir la mejor foto de perfil, hay que ir al mejor punto de la isla para disparar el objetivo. A la hora punta, la vida en Oia y Fira se paraliza: literalmente, si vas con el coche, lo dejas donde sea y te plantas frente al ocaso. Con suerte, si vas con tiempo, podrás disfrutar de esta puesta de sol, que honestamente, sí creo que tiene algo de mágica, aunque la verdad, es que saborear este momento es bastante complicado cuando los palos de selfie y las poses ensayadas, se interponen constantemente en tu campo visual.

8. Descubrir la cara B de Santorini, lo que no te habían contado: y si esto ocurre en Oia y Fira, es porque son el lugar al que te recomiendan ir (y ya sabemos cómo somos los humanos en eso de irnos de un sitio sin hacernos la foto en el sitio de moda).

Mejor atardecer de Santorini

Gracias a que fuimos con el coche y a que dejamos de lado el GPS pensando que nos sabíamos la ruta, nos equivocamos y fuimos por la carretera de la parte derecha de la isla. El trayecto, que no es mucho más largo que el que te indica el navegador, pasa por algún que otro pueblo “de verdad” y, te descubre a la derecha, el mar al natural, sin chiringuitos ni tumbonas. ¿Qué maravilla? ¿Cómo no cuentan esto en las guías? Nos lo aprendimos bien, y el último día, decidimos ir a buscar la puesta de sol más mágica de todo el viaje, y sin duda la encontramos.

Nos estaba esperando en una playa vacía entre acantilados y silencio. En pleno Santorini y a cinco minutos de Oia… pero sin nadie ni nada que rompiera ese efecto. Lo dicho, pura magia.

9. Encontrar lugares donde te empadronarías directamente:sí, Oia es muy guay y Fira también tiene su encanto. Pero poco se habla de Imerovigli u Ormos Firon. Se trata de pueblitos blancos situados entre las dos localidades principales donde cobra sentido el concepto que, al menos, yo tenía, de las Islas Griegas.

Imerovigli

Casas blancas inmaculadas con piscinas de efecto infinito en cada terraza; algún que otro gato paseando entre las flores rosas y unas vistas de la caldera de frotarse los ojos, para confirmar que ese espectáculo es real. No dejéis de ir.

10. Salir de fiesta y acabar en un bar con música típica griega: pero sólo un rato, acabando en uno con hits en castellano incluyendo “lo malo”. Pensamos que en la zona de playa donde nos alojábamos y que cumplía bastante el prototipo de sitio veraniego costero, habría ambiente por la noche… pero, quitando los restaurantes y chiringuitos para tomar un cocktail, a las 2 estaban todos durmiendo en pleno agosto.

Balcones de Grecia

Para salir de fiesta, fuimos a Fira, capital de la isla y la noche, fue cosa de extremos. Pasamos de la Grecia profunda al ambiente más latino en dos calles de distancia. Primero fue Town Club, un bar en el que estuvimos gran parte de la noche ya que nos sabíamos todas las canciones: lo malo, la gasolina, el baño… puros éxitos latinos que seguro han pasado por el Disco Ñ.

Abrumados de tanto “perreo”, fuimos a Koo, donde nadie nos advirtió que precisamente, esa noche, había fiesta de música griega (no tradicional). Por un momento, fuimos los más griegos del garito, pero se nos pasó pronto la euforia y acabamos en Enigma: el típico bar con música internacional que creíamos que encontraríamos al principio. Moraleja, si algo funciona, no lo cambies: Town Club es el sitio. En cualquier caso, la noche dio mucho de sí y me sorprendió gratamente la fiesta en Santorini que, como adelanté, no le tiene nada que envidiar a la de Mykonos.

Santorini es amor

Santorini es mucho más que 10 planes, porque Santorini es fuego, agua, tierra y aire en una misma isla. Es un lugar de contrastes e intensidad. De acantilados y playas. De noche y día. Porque Santorini es amor.

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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