Plan dominguero: subida al Gorbea desde Pagomakurre

Cruz del Gorbea

Salvando las distancias, el plan dominguero que traigo hoy creo que es algo así como la peregrinación a La Meca pero para un vasco. Entre todas las rutas de montaña que podemos hacer en Euskadi, que no son pocas, la subida al Gorbea destaca por encima de todas. Un clásico entre los clásicos: si eres del País Vasco, al Gorbea tienes que subir al menos una vez en la vida.

En mi caso, la de hoy ha sido mi segunda subida al Gorbea, así que sin haber nacido aquí, creo que ya tengo el carné bien ganado y puedo decir, tirando de tópicos y verdades, que los de Bilbao nacemos donde queremos 🙂

Subida al Gorbea en 2014

Mi primera vez la recuerdo blanca, muy blanca y con mucha nieve: fue un 30 de diciembre y no rememoro otras Navidades tan frías como las de aquel 2014. De hecho, había bastante hielo y, aunque pusimos todos los medios que estaban en nuestra mano para evitarlo, nos llevamos algún que otro resbalón y caída.

Sin embargo, me quedé con muchas ganas de más y, desde entonces, había querido volver a hacer esta peregrinación que se me iba resistiendo. Hasta hoy.

Mendizales

Dice la tradición que al Gorbea hay que ir el 31 de diciembre o el 1 de enero y brindar con champán en la cima. Mis nocheviejas no me lo han permitido, pero creo que cualquier momento es bueno para visitar el pico más alto de Bizkaia y uno de los más altos de Euskadi a sus 1.482 metros.

Existen varias rutas para poder coronar la cima, pero en esta ocasión hablaré sobre la que parte desde Pagomakurre. En nuestro caso, tomándonoslo con calma, hemos tardado dos horas en llegar hasta la cima y unas cinco en total, contando la paradita para comer el bocata, descansar y disfrutar de los rayitos del sol, porque vaya buen día nos ha hecho. En cuanto a dificultad, he leído en varios blogs que ponen que es sencilla y que cualquier persona la puede hacer.

Gorbea

La verdad es que discrepo con esta afirmación: sí creo que cualquier persona sin problemas de movilidad la puede hacer si se lo toma con mucha calma, va a su ritmo, está mentalizado y le pone ganas. Pero honestamente, diría más bien que es moderada y que por tramos, se complica. Será la opinión de una “mendizale” poco frecuente al montañismo, pero por ejemplo, en la última cuesta que está muy empinada, he sufrido bastante. Eso sí, compensar, compensa sin dudas.

Vamos con la ruta

Para hacer el recorrido de que comentaba, iremos al pueblo de Areatza y, desde ahí, subiremos en coche hasta el parking de Pagomakurre, que está a unos 9km de esta localidad (muy bien indicado por cierto). Tres avisos para navegantes.

parking gorbea

Punto número uno: no es el primer parking que nos encontramos en el que hay que parar, sino en el segundo; también podemos, obviamente, pero añadiremos más distancia al recorrido que, de por sí, ya está bastante bien.

Punto número dos: no es un parking grande y, según cuándo vayamos, suele estar lleno. De ahí, que merezca la pena madrugar para poder coger sitio o, de lo contrario, tendremos que bajar al parking que hablaba en el punto número uno.

Un brazo indiscreto

Punto número tres: es una de las carreteras en las que los flojos como yo, nos mareamos a la primera de cambio. En este caso, hoy he ido al volante y me he evitado el mareo, pero pongo la mano en el fuego porque, de haber ido en otra posición, hubiera llegado al parking más blanca que la nieve y con el estómago revuelto.

En la ruta que os voy a contar, hemos dividido el trayecto en tres tramos. No están necesariamente diferenciados ni es algo oficial ni nada por el estilo, pero lo identificaremos así:

1º tramo: ladera de Peña Lekanda hasta las campas de Arraba

Camino inicial

Empezaremos la ruta en ascenso por un camino muy bien delimitado por la ladera de Peña Lekanda. Coged aire, porque vamos con las pilas cargadas al ser el inicio, pero es larguita, pongamos que unos 45 minutos de ascenso. Sin embargo, a la izquierda podremos disfrutar de unas vistas de escándalo e incluso, en los días soleados, veremos a lo lejos el botxito. Si alzamos la vista al frente, veremos la cruz del Gorbea e intuiremos que el camino que nos queda es bastante largo, ya que de sus 18 metros de altura, apenas intuimos su silueta.

Por este camino pasan vehículos forestales y, hoy por ejemplo, nos han dicho desde uno de ellos que tenemos que llevar al perro atado, o de lo contrario nos podrán multar. Nos comentaba el guardia forestal que, debido a las quejas del pastor del Gorbea, es obligatorio llevar a los perros atados hasta al menos, pasar las campas. No entraré a valorar esta decisión porque me parece un despropósito si el animal no es 100% peligroso: da gusto ver cómo disfrutan los perros en plena libertad en el monte.

Las campas

Si seguimos por el camino, llegaremos hasta las campas de Arraba, donde se encuentra el refugio de Elorria.

2º tramo: desde las campas de Arraba hasta las piedras de Eguiriñao.

De momento, la ruta ha sido sencilla y muy cómoda. Atravesamos las campas dirección Eguiriñao y nos encontramos con el Paso de Aldape. Hay un par de senderos para esta parte y, aunque a priori no es peligroso, sí que recomiendo precaución en esta parte. Es un paso estrechito con bastante pendiente y, en días como el de hoy en los que quedan restos de nieve, se convierte en una pista de patinaje.

Cuidadito con las piedras

Con cuidado no tiene por qué pasar nada, pero guardemos el turno al pasar y vayamos despacito fijándonos bien por dónde ir y las huellas que han dejado los que han pasado por delante, advirtiéndonos de cuál es el camino fácil.

Una vez pasada esta parte, avanzamos por otras campas y giramos a la derecha hacia un frondoso hayedo que forma parte del bosque de Egiriñao. Aquí veremos el refugio del Club Juventus.

3º tramo: desde las piedras de Aldamin hasta la cima

El tercer tramo es el más duro de toda la ruta, así que será mejor que guardemos energías. En primer lugar, tendremos un ascenso por una zona rocosa. Aparentemente esto no es demasiado complicado, pero sí cansado y los gemelos lo notan. Sobre todo, porque tendremos que ir con mil ojos para pisar bien (¡y con cuidado si hay hielo!).

las piedras

A partir de aquí, empieza una subida que se vuelve cada vez más vertical por el collado de Aldamiñispe. Las vistas por esta subida no tienen precio, como tampoco lo tiene el viento que ruge con fuerza y que nos complica el ascenso.

En especial, la última parte donde ya podemos ver la cruz frente a nosotros, es la que más me ha costado en la subida de hoy, porque se acumula el cansancio de toda la ruta e insisto, está muy empinada. Pero no importa, la meta está cerca y, en cuestión de un último esfuerzo, habremos coronado el Gorbea.

último esfuerzo

Allí nos espera su cruz, con sus 18 metros de altura que resguardan a la Virgen de Begoña y un buzón para dejar nuestras reflexiones en forma de carta.

En las dos ocasiones que he subido a la cruz del Gorbea, el ratito que he podido estar en la cima ha sido muy reducido, porque el viento y la presión hacen difícil poder estar a gusto. Sin embargo, sí el tiempo suficiente para poder ver desde lo alto los grandes picos que rodean el centro de Euskadi. Aquí es donde te das cuenta que, pese al cansancio y esfuerzo, pese a lo molesto del viento en la cima, pese a los labios cortados y la piel enrojecida, esta es la ruta de las rutas. No creo que sea más bonita que otras, pero la sensación de libertad en su cima, hace justicia a su fama y peregrinaje.

Vistas desde arriba

Hecha la foto de rigor, toca dar la vuelta y bajar. No pensemos que ya hemos asumido todos los riesgos, y es que la bajada puede ser peligrosa en algunas ocasiones y son las rodillas quienes más se pueden resentir.

Y eso es todo: 12 kilómetros después, te das cuenta de que la subida al Gorbea siempre merece la pena y empiezas a pensar en cuándo será la próxima vez que repitas 🙂

la virgen de begoña

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