Escapada en cuadrilla: casa rural en Cantabria y trekking por los barrancos de Aján

casa la fontana y berri

Julio vuelve a oler a barbacoa por cuarto año consecutivo: planes que creíamos que iban a ser puntuales, han pasado a convertirse en tradiciones sagradas en esta cuadrilla. Si bien es cierto que este año hemos tenido más bajas de lo habitual, somos fieles a un plan donde lo menos importante es el plan: aquí lo importante es la compañía.

Y es que, antes de que acabe el fin de semana de casa rural, ya estamos comentando dónde podríamos ir el año siguiente, qué actividad nos apetece hacer o quién se va a encargar de organizarlo. Seamos sinceros, poner de acuerdo a tanta gente, da alguna que otra comedura de cabeza, pero llega el sábado a la noche y, entre cañas y risas, te das cuenta de que esto es algo que no quieres perder nunca. De que merece la pena. De que cada vez son mayores las obligaciones y menor el tiempo a compartir, que las prioridades van cambiando y que, aunque te gustaría y que disfrutas como en ningún sitio, cada vez pasas menos tiempo de calidad con tus amigos de siempre. Con tu otra familia.

Por eso, en mi cuadrilla, marzo huele a chuletón y julio a barbacoa, y ojalá sea así por muchos años más y que nuevos olores, nos llenen el año de buenos momentos juntos 🙂

Nuestra base de operaciones

Venimos aprendidos de tres ediciones anteriores en Asturias, Cantabria y Burgos, por lo que la premisa a la hora de buscar casa, es siempre la misma y nos la sabemos bien: casa de alquiler íntegro, alejada, con barbacoa y con posibilidad de realizar actividades cerca. A poder ser con piscina, pero todo lo demás… nos da exactamente igual.

En lo que no aprendemos, es en hacer las cosas con antelación, así que en esta ocasión, reservamos con un par de semanas de margen la casa de La Fontana, en Cantabria. Se trata de una casa para 12 personas en Pedroso, muy cerquita de Liérganes y alejada de la humanidad, como nosotros queríamos y por 720€ el fin de semana completo. He de decir que ha sido la casa rural más cara de las cuatro ocasiones en las que hemos repetido plan, pero también buscábamos para menos personas y ha sido con menor antelación, por lo que no nos podemos quejar.

La casa es una auténtica preciosidad y está hecha a capricho, con todos los detalles cuidados al milímetro y a la que no le falta detalle y, además, tiene un amplio jardín, que el año pasado echamos de menos. Me encantaría poder recomendarla, porque la casa como tal nos encantó a todos… pero me temo que no lo voy a hacer, y no lo voy a hacer por sus propietarios.

No nos gustó su actitud el viernes cuando nos dio las llaves, pero mucho menos aún el domingo cuando se las devolvimos. La casa rural la dejamos recogida y limpia, como siempre hemos hecho y, aunque no estuviera de exposición, cumplía exactamente lo que se pide y de hecho, por eso nos devolvió la fianza íntegra.

No obstante, Rubén y su mujer, llegaron el domingo a la hora acordada y, casi sin saludar, se pusieron a examinar todo en (excesivo) detalle que parecía que estábamos a examen (hojas de las plantas incluidas). Nos dijeron que a ver qué habíamos hecho para que el césped estuviera tan pisado (¿hola? ¿caminar?) y, pese a estar incluida la limpieza de la casa en el precio (100€ extra a través de Airbnb), nos hicieron bajar la basura en nuestros coches a sabiendas de que el contenedor no estaba cerca y de que íbamos cargados. Por no comentar, que el viernes el agua salía verde de los grifos porque había llovido y la depuradora no estaba tan fina como debiera o que habíamos solicitado la casa para 12 y se preparó para 11.

Todo esto podría haber quedado en meramente anecdótico, pero el comentario negativo que nos puso en Airbnb exagerando la suciedad y, sobre todo, su actitud, hacen que muy a mi pesar, no recomiende la casa rural de La Fontana. Cuando tienes una casa rural y la alquilas a grupos grandes, te expones a que no esté tan de catálogo como a ti te gustaría e incluso te arriesgas a que te pisen el césped... Si ese comentario lo hemos recibido nosotros, no sé qué pueden recibir los grupos que de verdad sólo van de fiesta a este tipo de casas y a los que sí les quitan las fianzas por el resultado. En cualquier caso, Rubén… la actitud y la educación, lo primero 🙂

El plan dominguero del sábado

Este año, veníamos con ganas de pasar más tiempo en la casa en lugar de hacer una actividad que nos ocupara todo el día como otros años. Por no hablar, de que al reservar tan a última hora, todo estaba cogido.

Por eso, y porque este año nos acompañaban unos nuevos amigos perrunos a los que no queríamos dejar solos, decidimos disfrutar de la naturaleza haciendo un plan dominguero en una ruta por los Barrancos de Aján.

La ruta que escogimos, es un camino circular de unos 14km en total y que va a la orilla del río Aján. Debo de confesar que no hicimos el camino entero porque preferimos aprovechar para bañarnos en el río y no queríamos que se nos alargara la cosa. En cualquier caso, teniendo en cuenta el calor que hacía y lo buena que estaba el agua, ¡creo que fue una decisión acertada!

Respecto el recorrido, a algunos de mis amigos, no les gustó demasiado la ruta, pero personalmente, creo que estaba bastante bien y que cumplía con lo que estábamos buscando. Tal vez no serían las cataratas del Niágara, pero sí que había rincones que tenían mucho encanto y fue un buen sitio en el que refrescarnos.

Domingos de ibuprofeno y excursión

El que muy a nuestro pesar no nos acompañó este fin de semana todo lo que nos hubiera gustado, fue el sol, así que el domingo tuvimos que sustituir la playa por un plan de interior. El elegido, he de decir, que cumplió con creces y superó nuestras expectativas.

No conocía Liérganes y he de decir que me ha sorprendido para bien. Junto con Santillana del Mar, forma parte de ese grupo de pueblos privilegiados categorizados como los más bonitos de España. 

No puedo afirmar tal honor porque conozco menos de los que me gustaría, pero sí creo que es un sitio adecuado y con mucho encanto para hacer una escapada de fin de semana. Es famoso por su Balneario, pero a mí lo que me gustaron fueron sus casonas de la Cantabria profunda en el casco viejo, la estampa del Río Miera bajo el puente romano o la figura del Hombre Pez bajo el mismo, en recuerdo de Francisco de la Vega, el sireno de Liérganes.

La verdad es que miento: lo que más me gustó de Liérganes, fue el lugar que escogimos para comer. Ni era un gran restaurante, ni tenía platos exclusivos, ni destacaba por nada en concreto, salvo por algo: su dueño. La amabilidad hecha persona y el gusto por su trabajo. Qué gran diferencia cuando te topas con alguien que, de cara al público, está contento y lo trasmite con educación (cuánto extremo en un mismo fin de semana).

Todos de ruta

El sitio en cuestión es Corner Burger y, nuestro amigo lo regenta con su mujer, que es venezolana y cuya influencia se deja ver en una carta con especialidades de su tierra. Recomiendo especialmente el cachopo y las croquetas de cocido, ¡deliciosas! (y todo muy económico, por cierto).

Con este post y los bizums correspondientes saldados, ponemos fin a uno de mis fines de semana preferidos del año que, como siempre, superó todas las expectativas. Tanto es así, que nos resistimos a tener que esperar un año para repetir y que tal vez planifiquemos la versión invernal de nuestro plan de verano. Puede que sin río, escondites al aire libre o actividades de agua, pero mientras sea con ellos… estoy segura de que valdrá la pena (y de que también caerá alguna regata de cerveza 🙂 ).

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