Plan dominguero: ruta al Faro del Caballo en Cantabria

Faro del caballo

Ni Baleares ni una isla secreta del Mediterráneo. Las aguas cristalinas que rodean al Faro del Caballo se encuentran en el Cantábrico, concrétamente en Santoña (Cantabria) y fueron el destino de nuestro último (y muy recomendable) plan dominguero, un lugar que está hecho para impresionar.

La ruta comienza en el Fuerte de San Martín, a donde llegamos tras aparcar el coche muy cerca, en el paseo de la playa. Estuvimos apunto de abortar el plan puesto que amaneció chispeando, pero por suerte, nos pusimos el chubasquero y decidimos disfrutar de esta bonita ruta de 12 kilómetros entre acantilados, bosques e historia.

Comienza la ruta alrededor del Monte Buciero

Al comenzar la ruta, un cartel nos informa sobre las diferentes sendas que hay en el Monte Buciero así como de su dificultad. Nosotros optamos por la ruta azul: faros y acantilados que, si bien no tiene una gran dificultad, que la lluvia hubiera convertido todo el terreno en resbaladizo… aumentaba ciertamente su complejidad.

Rutas por el Monte Buciero

La primera parte de la ruta es la más sencilla de todo el trayecto: se trata de un camino en pendiente que se va adentrando poco a poco en el bosque y, que nos hace olvidarnos de todo el mundo ajeno a aquellas encinas y frondosa fauna. Una vez que hemos recorrido algo más de 3 kilómetros, encontramos una señal con dos posibles direcciones y que no está especialmente bien señalizada. De hecho, además de nosotros, a todos los que nos encontramos en ese punto, dudaron sobre qué camino elegir. Hay que escoger el de la derecha porque, en caso de seguir para delante, estaremos obviando la parte más bonita de la ruta: el Faro del Caballo.

Muy pronto, nos encontramos con el cartel que nos anunciaría que estábamos ante la entrada del Faro del Caballo… y que ahí, nos esperaban los 760 escalones que nos llevarían al mismo (estos escalones, fueron construidos por los presos del Cuartel del Presidio, la cárcel que Santoña). Sabíamos que nos aguardaba una gran escalinata, pero de lo que no teníamos ni idea era, de la gran pendiente que había ni de sus dimensiones. Bajar es relativamente sencillo, aunque como os digo, con la lluvia todo se vuelve muy resbaladizo y, aunque hay una cuerda a la que agarrarse, la falta de cuidado nos puede dar algún disgusto. El problema viene al subir los escalones de más de 25 centrímetros en pendiente… paciencia, porque acaba haciéndose algo duro y cansado, pero no hay escalinata que con alguna que otra paradita no se pueda lograr. 

escalinatas

La joya de la corona: el Faro del Caballo

Después de bajar todos los escalones, nos espera la joya de la corona: el Faro del Caballo. En sí, lo que viene siendo el Faro, no tiene absolutamente nada que envidiar a ningún Faro del Cantábrico… la magia reside en dónde está (cesó su actividad en 1993 ante los continuos actos vandálicos) . A su alrededor, aguas cristalinas propias de Formentera, dan color entre acantilados a un rincón que sorprende y encandila. 

Lo que no encandila tanto es la gran suciedad que hay en el Faro y lo descuidada que puede llegar a ser la gente, por no decir otra cosa (¡la basura no vuelve sola!). Junto al Faro, hay unas pequeñas escaleras que bajan al mar y una cuerda para que los más animados se lancen… Llovía y no hacía calor, pero el agua era tan cristalina y el lugar tan bonito, que me arrepentí de no haber echado un bikini a la mochila antes de salir.

Vista desde las escalintaas

El tramo del Penal de Dueso

A partir de aquí, existen varias rutas para continuar, pero nosotros elegimos la del Penal de Dueso, más por casualidad que por causalidad. En el tramo que nos llevó hasta el Faro del Pescador, hubiera puesto la mano en el fuego porque me iba a caer. Esta parte es, tal vez, la más complicada de la ruta (sobre todo si llueve) ya que hay que ir esquivando piedras y barro entre el bosque, por lo que llevar el calzado adecuado es indispensable.

Pasamos ante el Faro del Pescador, sin pena ni gloria, y continuamos por la carretera el camino. Al llegar a la cima, nos encontramos con la playa de Berria a un lado y el penal del Dueso junto a la playa, y donde no faltaron (me incluyo) curiosos que se sorprendían por la proximidad a la cárcel y que deliberaban sobre el tipo de vida que llevarían allí los reclusos.ruta santoña

Una vez pasado el penal, nos quedaría una pequeña pendiente por un camino bien señalizado en el que las encinas dejaron paso a prados con animales pastando. Por el camino, encontramos un desvío al Fuerte napoleónico de Mazo desde donde se puede divisar las marismas desde el Mirador de Casablanca.

Tras tres horas y media (a paso tranquilo, con hamaiketako, bañito y muchas fotos) nos encontramos en el punto de partida de esta ruta dominguera, donde a diferencia de otras rutas, su broche de oro está al principio y no en su meta. En definitiva, este trekking en Santoña nos llevó a descubrir un lugar recóndito e inaccesible en Cantabria, que esconde las aguas más cristalinas de la zona.

El faro del caballo

 

 

 

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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