Viaje por el centro de Europa: Bratislava, Viena, Praga y Budapest en una semana

Praga

Bratislava, Viena, Praga y Budapest fueron el destino de mi primer viaje sola: te cuento cómo lo organicé y cómo ver estas cuatro increíbles ciudades en 7 días.

Como ya adelantaba en el post sobre las 10 lecciones que aprendí viajando sola, tuve que decidir hacer este viaje con apenas unos días de antelación por lo que apenas estaba planificado. Al ser el primer viaje que realizaba sola, tenía claro que quería ir a algún lugar que estuviera bien comunicado y que con inglés, me pudiera entender con todo el mundo: las capitales del centro de Europa fueron mi (acertada) elección.

Paseando entre estatuas por Bratislava

Cogí un vuelo a primera hora con Ryanair desde Madrid a Bratislava por lo que a las 9:30 de la mañana, ya estaba en la capital eslovaca. Para ir al centro de la ciudad, cogí un autobús urbano muy económico a 20 minutos que me dejó en una estación de autobuses bastante pequeña y vieja (Staré Mesto). En cuanto llegué, cogí un mapa y, al ver que las distancias no eran demasiado grandes, decidí ir andando al centro. Mi idea era dejar la mochila en la estación de autobuses de la que luego, saldría un bus para Viena para poder así disfrutar de la misma sin peso.

Sin embargo, me equivoqué… caminé más de la cuenta hasta llegar a Autobusová Stanica, la estación central de Bratislava desde donde salen autobuses a destinos internacionales, pero no a Viena. Me informé allí de cómo llegar a la estación de autobuses que sí me llevaría a Viena y decidí llevar la mochila conmigo para ahorrar tiempo después.

Bratislava

Soy de las que piensan que todo pasa por algo y, aunque me equivoqué… creo que esto fue algo positivo: me perdí y descubrí una Bratislava muy diferente a la del centro. Además, me topé por casualidad con Church of St. Elisabeth, la curiosa Iglesia azul de Bratislava que estaba en el camino. Por último, hay que recordar que Bratislava es muy pequeño y más, cuando viajas sola, por lo que, tomar esta errónea decisión hizo que aprovechara mejor el tiempo.

Resulta que la estación desde la que viajaría hasta Viena (Bratislava Most SNP) estaba en el mismo centro de la ciudad , junto al río (y no tiene consignas) por lo que finalmente, me tocó recorrer la ciudad con la mochila acuestas. 

En cuanto a mis impresiones sobre Bratislava, diría que es una ciudad con encanto que está muy bien ubicada (a poco más de una hora de Viena) por lo que te recomendaría su visita únicamente si tienes tiempo de sobra en la capital austriaca o si el vuelo, te sale más rentable. Hacer un viaje aposta a Bratislava, renunciando a pasar tiempo en otros lugares de mayor interés… definitivamente, no lo recomendaría.

La música, Mozart y Viena

Para ir a mi hostal, cogí el metro y, teniendo en cuenta dónde estaba el alojamiento, opté por un bono con 10 viajes. Me quedé a dormir en Hostel Hütteldorf, un hostal que de no ser por la ubicación, sería perfecto. Está muy limpio, las habitaciones son amplias y es moderno, económico (39€-3 noches), cuenta con una sala común perfecta para conocer a otros viajeros… y, aunque no cogí desayuno en el precio, debo de confesar que me colé todos los días sin el menor problema. Tiene una parada de metro a 5-10 minutos andando, pero aún así está algo alejado del centro, lo que puede ser un inconveniente si queremos alargar nuestro paseo: cierra a media noche.

Viena

No voy a extenderme en qué ver en Viena ya que hay demasiada información al respecto. Lo que sí voy a hacer es recomendar una y otra vez ir a la ópera. Después de comer, fui a hacer cola a la ópera siguiendo una información que me habían dado en el hostal. Tras dos horas de cola, pude conseguir mi entrada para ver el Rigoletto de Verdi por 4€! Estás al fondo de la zona central de pie, pero a tan sólo 2 metros de personas (sentadas) que han pagado bastante más por la misma obra. Hay pantallas para poder ver subtitulada la obra en inglés, alemán o italiano… pero sinceramente, merece la pena disfrutarlo. Eso sí, a tener en cuenta el vestuario: yo iba en falda corta y zapatillas de deporte y no tuve el menor problema para entrar, pero sí que hubo chicos en pantalones cortos a los que no dejaron entrar.

Viena me dio una grata sorpresa, me gustó bastante más de lo que pensaba. En total, llegué un miércoles al mediodía y me fui un sábado a primera hora y me dio tiempo para poder ver y disfrutar de esta ciudad que tiene tanto que ofrecer, e incluso, pasarme una tarde entera haciendo cola y en la ópera de Viena. Repito: lo recomiendo encarecidamente.

Una ciudad de cuento en Praga

Mi idea original era quedarme 3 noches en Praga, pero finalmente decidí reducirlo a 2 y darle esa noche a Budapest y creo que acerté. Praga es una preciosa ciudad de cuento, pero muy pequeña, se ve bastante pronto. Me alojé en Chili Hostel (15,96€-2 noches): un hostal que está en pleno centro de Praga a muy buen precio… pero algo turbio. En comparación con el de Viena, este era muy oscuro, baños pequeños, instalaciones “viejas”… Yo estuve a gusto porque sabía que eso era lo que había pagado, pero si estáis buscando un hostal de los que salen en los anuncios, este no es vuestro hostal.

Praga

En cuanto a Praga… me encantó, me pareció una ciudad de cuento en la que me faltaba el carruaje y el príncipe y me sobraba la cantidad de turistas que había. Tengo dudas de si me crucé a algún checo/a durante mi estancia ya que la cantidad de turistas era abrumadora… tanto como para cambiar la perspectiva o la idea con la que uno se queda de la ciudad.

Recomiendo probar un Trdelník, un dulce típico de Praga que te encontrarás en cada esquina y que es una bomba calórica deliciosa. En general, es una ciudad más económica de España donde se cumple la leyenda: la cerveza es más barata que el agua.

La guinda del pastel: un Budapest alternativo

Para llegar a Budapest, cogí un autobús desde Praga a primera hora que, para mi sorpresa, pasó por la estación de autobuses de Bratislava donde no pensaba que volvería. Me alojé en William’s Guesthouse and Hostel durante 2 noches por 18€: un pequeño hostal, bien ubicado y económico, limpio y con todas las comodidades e incluso con café incluido. Sin lugar a duda, lo recomendaría. Está en la zona más alternativa de Budapest, rodeado de supermercados, bares y terrazas, gente joven.. una zona a la que no hubiera ido de no ser porque estaba allí el hostal, pero que me gustó conocer.

Refugiados en Budapest

Tal vez, a Budapest tendría que haberle dedicado un día más para disfrutarlo al completo y poder entrar en alguno de sus balnearios, por ejemplo. Coincidió con mi viaje la llegada de los refugiados a la estación de Keleti y, mi parte periodista pudo a la turista y tuve que ir para ver con mis propios ojos lo que allí estaba ocurriendo: una muestra enorme de humanidad y generosidad.

Me acerqué con sentimientos encontrados, temerosa de lo que podía encontrarme. Sin embargo, allí lo que hallé era gente feliz y sonriente: dejaban atrás la barbarie y, aunque no tenían un rumbo fijo y contaban con un destino incierto, estaban juntos y a salvo y eso era suficiente: era su hogar. Junto a ellos, cientos de voluntarios de Budapest que daban lo mejor de sí desinteresadamente, por el simple hecho de ser humanos y entender que lo primero es lo primero. Una acción generosa que no contaba con el apoyo del Gobierno. 

A nivel personal, me marcó bastante la situación y de hecho, me hizo reflexionar sobre cuál era mi hogar y a quién quería en él (tan sólo unas semanas después, tomé la decisión de cambiar de ciudad y dejar atrás Madrid). 

En cuanto a la ciudad en sí, creo que las expectativas me jugaron una mala pasada. Había oído hablar muy bien de Budapest y, aunque es una ciudad que merece la pena, me llevé una sensación agridulce. No quiero que parezca que no me gustó, porque me gustó mucho… pero tal vez en esta opinión, influye que era la última parada de mi primer viaje sola y ya estaba cansada, que Viena y Praga me sorprendieron mucho más de lo que creía, que tenía demasiadas expectativas puestas en Budapest o que me marcó tanto la situación de Keleti, que Budapest pasó a un segundo plano. 

Budapest

Conclusiones de un interrail en bus por el centro de Europa

En definitiva, Bratislava, Viena, Praga y Budapest se convirtieron en el destino de mi primer viaje sola. En cierta forma, también fueron la manera de saldar mi deuda pendiente con un interrail: en cierta forma, hice un “interbus” (comparando precios, características y distancia, es mucho más rentable hacer este viaje en bus).

Creo que es un viaje que se puede hacer en una semana sin ir agobiado y sin pasar demasiadas horas en medios de transporte. La pena de este trayecto es que no te permite visitar ciudades cercanas que probablemente, tengan mucho que ofrecer. Sin embargo, sí que recomiendo hacer este viaje por diferentes motivos: las distancias entre las diferentes ciudades son relativamente cortas. Un viaje específico a una de estas ciudades en una semana, sería demasiado tiempo… como os he comentado, en 3 días como mucho las he podido visitar. Son ciudades muy accesibles en cuanto a idioma, precios, vuelos, comida… y por último, creo que es un viaje de contrastes entre las capitales europeas que merece verse así: pasando de la majestuosidad de Viena, al cuento medieval de Praga y finalizar en la modernidad de una ciudad alternativa como es Budapest.

viena

 

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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