Plan dominguero: ruta al Bosque de Oma, el bosque pintado de Ibarrola

Arte y naturaleza se dan la mano en el plan dominguero de hoy: ruta al Bosque de Oma, un lugar mágico donde los árboles pintados dan forma a nuestra imaginación. El pintor vasco Agustín Ibarrola, pone a disposición de los visitantes, 47 dibujos de formas y colores que crean una obra única; un canto a la libertad.

Me gusta el otoño. Tiende a ser la estación menos mimada, la más lluviosa y oscura en unos meses de trance entre que superamos la depresión postvacacional y nos preparamos para la Navidad. La alegría encuentra su máximo esplendor bajo el cielo azul del verano, esos meses en los que tenemos más ganas de vivir, de respirar aire puro y de exprimir cada minuto. El invierno por su parte, tiene el encanto del frío con sus pelis de domingo en el sofá y sus excursiones a la nieve. Por no hablar de que el muy caprichoso, tiene la suerte de comprender la época más feliz del año: la Navidad. Y luego está la primavera con su calidez, la antesala del verano donde llegan los primeros rayos de sol y la energía comienza a despertar; a prepararse para lo que está por venir.

Sin embargo, a mí me gusta el otoño. La niña bonita que esconde sus miedos tras una bufanda. Una estación tímida que busca pasar desapercibida y sin llamar mucho la atención pero que no lo consigue; nos regala las estampas más increíbles del año con la caída de las hojas y tiñe los paisajes con los colores más vibrantes. Naturaleza en estado puro.

Nuestra visita fue en otoño lo que, si cabe, aporta todavía más magia a este lugar. La hojarasca cubriendo el suelo y el color de los árboles, crean una atmósfera que sólo comparten algunos lugares privilegiados en momentos muy puntuales.

Cómo llegar al Bosque de Oma

Para llegar, fuimos en coche hasta Basondo, un barrio situado en la localidad de Kortezubi. Está muy cerca de Gernika y también de las Cuevas de Santimamiñe por lo que, si tenemos tiempo, podemos aprovechar a visitar ambos lugares. Nos daremos cuenta muy pronto de dónde tenemos que parar: hay un párking público bastante amplio cerca de Lezika, un baserri reconstruido en restaurante (100% recomendable para comer o para las rabas de después de la ruta).

Estamos en medio de la nada pero muy cerca de todo: en plena naturaleza, rodeados de caballos y burros donde disfrutamos de las vistas desde la ladera del monte Ereñusarre. Encontraremos señales con las distintas rutas que nos indicarán el camino hacia el Bosque de Oma, a las cuevas y a la ermita de Santimamiñe que está ahí mismo y que, en nuestro caso, visitamos antes de comenzar la ruta. Actualmente, hace las veces de sala de proyección donde se reproduce la Cueva del santo más venerado de la capital vasca: San Mamés.

En cuanto estemos preparados, comenzamos la ascensión hacia el Bosque de Oma. Se trata de tres kilómetros por un amplio camino que va adentrándose entre los pinos y hayas que protegen el secreto mejor guardado de Ibarrola. A lo largo del camino, podemos disfrutar de las vistas con las que Euskadi siempre nos sorprende, en este caso de la Reserva de Urdaibai.

Tras media hora o cuarenta minutos de ascensión (si nos lo tomamos con calma) habremos llegado, casi sin inmutarnos, al Bosque de Oma. Nos daremos cuenta de que estamos allí porque nos reciben dos “manchas rojas” que, desde el lugar adecuado, forman un beso de bienvenida.

Formas, colores y magia

La primera sensación cuando llegamos a este lugar es de confusión. No terminas de entender las figuras ni por qué un artista bohemio eligió “manchar” la naturaleza por puro capricho. De hecho, si no has leído nada sobre él ni sabes muy bien lo que te vas a encontrar, te sientes un poco perplejo con lo que estás viendo.

Sin embargo, a medida que vas caminando, comienzas a ver formas donde antes “sólo” había árboles. Encuentras en el suelo unas flechas amarillas que te facilitan este proceso en el que, como todo en la vida, es cuestión de perspectiva. Y, de repente, atraviesas un arco iris con todos sus colores o intuyes a un hombre y a una mujer atentos al paso del tiempo mientras se esconden de una bruja. Hay caminantes que se mueven sin moverse, aldeanos con txapela y unos ojos que, inmóviles, parecen vigilar todo tu recorrido por esta obra de arte.

Como todo artista, Ibarrola también tenía su musa y, el amor, de sobra es sabido que mueve montañas. Por ello, entre el número 39 y 40 su mujer Mari Paz, se volvió eterna para gozo de todos los visitantes: el homenaje de un pintor enamorado.

Sin darte cuenta y sin entender de arte, has comenzado a soñar. La naturaleza te ha envuelto en su aura mientras tú imaginas personas y formas entre colores y árboles. Y ahí, la magia del Bosque de Oma: su capacidad para hacerte volar.

Arte y denuncia

Como adelantaba, esta obra de arte no es el resultado de un capricho ni se limita a unas pintadas sobre la naturaleza. Va mucho más allá y esconce un mensaje muy poderoso. Entre 1982 y 1985, Agustín Ibarrola tiñó de color este lugar que acabaría por convertirse en Patrimonio Cultural del País Vasco. Es una expresión de la tendencia contemporánea Land Art en la que la naturaleza y los distintos elementos, son los protagonistas de las obras de arte: un museo en sí mismo al aire libre.

Esta obra de Ibarrola es, por un lado, un homenaje al Paleolítico. Un viaje retrospectivo del pasado y el presente con un referente muy cercano en las Cuevas de Santimamiñe. Así mismo, a través de su obra, el artista hace un guiño a distintos movimientos y artistas (el Greco, Malévich) así como a los impresionistas o a vanguardias recientes.

Sin embargo, lo que verdaderamente Ibarrola representa en esta obra en plena naturaleza son sus ansias de libertad. Muy comprometido con diferentes problemáticas sociales, pasó por la cárcel en varias ocasiones y quiso dejar patente, aunque de manera muy sutil en su obra, su denuncia a las causas que le preocupaban.

Decidimos regresar por el mismo camino por el que habíamos subido, aunque el escenario permite hacer diferentes rutas e incluso visitar las Cuevas de Santimamiñe en el mismo día. En total, unos 7 kilómetros y medio de ruta que los más pequeños de la casa harán sin problema. Es una leve ascensión pero con cualquier calzado cómodo lo podremos hacer cómodamente.

En definitiva y, sin lugar a dudas, os recomiendo este plan dominguero en el que poder disfrutar de la naturaleza, del arte y en el que volver a creer en la magia 😉

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

2 Replies to “Plan dominguero: ruta al Bosque de Oma, el bosque pintado de Ibarrola”

  1. Hola Marta, he leído algunos de tus artículos y me gusta como escribes. Voy hablar con los coordinadores de una revista que fundé http://www.mundigeamagazine.com para ver si les parece interesante publicar alguno de los artículos que escribes.

    1. Muchísimas gracias!!! Me encantaría 🙂

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