Fin de semana de Eurovisión en Lisboa: la review

Debo de confesar que nunca he sido una friki de Eurovisión y que incluso, me he perdido el certamen en alguna ocasión. No pasará a partir de ahora: este fin de semana he tenido la oportunidad de disfrutar de esta gran cita en una de mis ciudades preferidas. Hoy os cuento cómo ha sido mi experiencia, qué fue lo mejor y cuál es la asignatura pendiente de Lisboa y el certamen:

Eurovillage

La Praça do Comércio fue el lugar escogido para acoger a todos los eurofans que nos desplazamos, a través de tierra, mar y aire, hasta Lisboa. Al principio pensé que este espacio se quedaría pequeño para todos los que íbamos a llegar en goteo a la ciudad, pero independientemente de lo que se ofreció de lo que hablaré más adelante, creo que cupimos todos y estuvimos bastante anchos: sin sensación de masificación en ningún momento. Además, la preciosa Lisboa no podía acogernos en un lugar mejor: frente al Tajo pero en pleno corazón, he de decir que Eurovillage estuvo donde tenía que estar.

La organización planificó eventos en este espacio para toda la semana y de toda índole: encuentros con los artistas, karaokes, actuaciones de viejas glorias… así que la cosa, estuvo entretenida. En mi caso, llegué el viernes, y he de decir que me llevé una pequeña decepción: había un concierto de rap. No voy a discutir la calidad de la música ni del grupo, sino lo poco apropiado que me pareció: ¿no hubiera sido mejor un concierto con todos los hits de Eurovisión de su historia? La gente estaba ansiosa de eurofiesta, pero Lisboa no nos la quiso dar, queremos pensar que para que así pudiéramos descansar para el día siguiente… que se venía lo grande.

Lo que sí que hubo y que amenizaba bastante el ambiente era algún que otro karaoke con grandes éxitos pero sin “Europe’s living a celebration”, mucho atrezzo para acompañar a artistas improvisados y acciones de marketing creadas por las propias marcas (como una piscina de bolas gigante de Vueling).

¿Qué fue lo mejor?

  • El sonido: daba igual en qué parte del Eurovillage estuvieras, que escuchabas a la perfección la música.
  • La seguridad: aunque no hacían controles hiper exhaustivos, hay que reconocer que no hubo el más mínimo altercado y tuvimos la fiesta en paz durante todo Eurovisión. No se podía meter alcohol “visible” ni comida, pero quien quería, podía colarlo con un poco de picaresca.
  • La ubicación: fácil de llegar desde cualquier parte y muy accesible.
  • Las food trucks: comida de todo tipo y a buen precio
  • Los precios: esperaba que pusieran precios de asalto a mano armada y qué va. Para que os hagáis una idea: vaso grande de cerveza 4€.
  • Los fuegos artificiales: eran esperables, pero a todos nos gustan 🙂

¿Qué fue lo peor?

Me da pena decir esto, porque tengo un recuerdo fantástico del fin de semana y lo repetiría mil veces, pero creo que exceptuando lo anterior, la organización fue nefasta:

  • Sólo había dos barras para comprar bebida y además, con camareras que no destacaban precisamente por su garbo ni brío: ¿a quién se le ocurrió esta brillante idea? ¿de verdad no era previsible el aluvión de gente sedienta que iba a ir? ¿es acaso el primer Eurovisión que vivimos como para no estar preparados? ¡las colas duraban una hora! Lo siento Lisboa, pero en esto España hubiera tenido 12 points… tal vez hubiéramos fallado en sonido o imagen, pero seguro que en abastecimientos que además, hacen caja, no hubiéramos escatimado (tened esto en cuenta la próxima vez que votéis por la que será la sede del próximo año!).
  • Colas, colas y más colas: a la infinita cola por comprar alcohol, hay que sumar la de ir al baño: 10 retretes portátiles para todo Eurovillage… (en serio, ¿no había previsión de la cantidad de gente que íbamos a ir?). Por no hablar de la cola para entrar… se retrasaba por los (necesarios) controles de seguridad, pero eran excesivas y restrictivas… fueron muchos los que tuvieron que ver la final en bares por no aguantar la espera y desaprovechar medio día.
  • Las pantallas: era viable. Cualquiera lo hubiera hecho. Estaba la estructura preparada, y sin embargo, dejaron las pantallas a una altura en la que los del fondo, no veían nada. Simplemente, tenían que subirla… ¡hubiera sido posible y fácil!.
  • Un festival sin ganas de fiesta: a la inoportuna música rap del viernes, se suma un cierre del Eurovillage poco después de terminar el festival. Parecía que iban a hacerlo bien, comenzaron a poner las típicas canciones de verbena (española) y los grandes hits de Eurovisión y del mundo (Spice Girls incluidas) y, de repente, sin más aviso, se acabó… Tenéis a miles de personas emocionadas, deseando pasárselo bien y con ganas de celebrar la vida y la mezcla intercultural, y les dais con la puerta en las narices invitándoles a que busquen algún bar con un poco de espacio…

Lo dicho, Eurovillage fue una auténtica pena en la que nos lo pasamos en grande, pero donde Portugal no estuvo a la altura.

Eurovisión

Tuve la enorme suerte de ir al Family show de Eurovisión: el ensayo general de la gran cita de la música en el Altice Arena. Me gustaba Eurovisión antes de este viaje, pero he de confesar que jamás he sido una fanática. Hasta ahora: el espíritu de Eurovisión es real y contagioso, y estaba allí, en la cara de todos esos eurofans llenos de ilusión con ganas de pasárselo bien. ¿Frikis? Tal vez. Pero tan friki como puede ser, desde fuera, la euforia ante una final de un mundial para alguien a quien no le guste el fútbol.

¿Qué fue lo mejor?

  • Ubicación: el Campo de las Naciones está muy cerca de Lisboa y está bien comunicado con metro y bus. Además, tiene un centro comercial justo al lado, ideal para comer antes o después del show.
  • La organización: todo estaba calculado al milímetro y no había margen de error. Había un gran número de personas de la organización para indicar, los espacios para hacer cola eran amplios y con sombras, los controles de seguridad eran muy rigurosos y estrictos, mientras esperábamos a que se llenara ya dentro, un speaker nos amenizó el rato… simplemente, perfecto.
  • La magia de la TV: era un ensayo general pero todo tenía que salir perfecto: era exactamente igual que la gala, ante millones de espectadores. Todos iban vestidos como irían por la noche, hubo conexiones en directo con los distintos países, puntuación… Salvo la green room en la que los figurantes ocupaban el sitio de los artistas: todo era igual, y así lo vivimos.
    Por supuesto, desde casa, el espacio parece muchísimo más grande de lo que es en realidad y, sin la impecable labor de las cámaras y luces, el efecto de la puesta en escena, “pierde” muchísimo.  (No pierde, pero obviamente, es distinto).
    Durante las actuaciones, el realizador se pasea por el escenario para controlarlo todo y decir al público lo que tiene que ir haciendo… pero esto desde casa nadie lo ve, la magia de la TV a través de sus planos nos ocultan a un realizador que se pasea por la pasarela en pleno directo.Lo que más me gustó de todo fue lo increíblemente rápido y bien organizado que todo se cambiaba entre canción y canción: era una coreografía en la que cada persona sabía exactamente cómo tenía que moverse. En cuestión de 10 segundos, todo cambiaba sin que nos diéramos cuenta. Sin margen de error. Chapó!
  • Era un ensayo general, así que había que dar puntos a todos, incluso con fallos: Nieves Álvarez se equivocó en el reparto con un saludo a España del que pronto se dio cuenta (vaya, tenía que ser la española la que se confundiera). Como os podéis imaginar, la bandera de España era la que más se veía en el recinto, así que cuando dieron los 12 points to Spain… aquello casi se cae. ¡Qué locura! ¡Qué felicidad! Todos saltando y celebrándolo como el gol de Iniesta y ojo, era de mentira. Ojalá 12 points en la final para poder revivir aquel momento, pero en el Eurovillage o desde casa ¡fue increíble!
  • Me crucé con Manu Guix: mientras yo esperaba en la cola para entrar, él pasó como si de un eurofan más se tratase sin que nadie le parara ni reconociera y yo le saludé con un ¡hola Manu! y me respondió con una sonrisa de oreja a oreja ¡buenos días!. Su vida siguió y la mía también, arrepintiéndome de no haberle pedido una foto o haber charlado con él, ¡pero qué majo fue! 🙂

¿Qué fue lo peor?

  • Mis entradas eran para estar de pie, justo detrás de la pasarela por lo que, en caso de haber tenido algún alto o alta delante, hubiera sido algo complicado ya que el escenario no está muy elevado. No fue el caso y lo vi todo a la perfección, pero sí conozco a muchos que se tuvieron que conformar con verlo detrás de las cámaras y no es algo bonito cuando tienes tantas ganas.
    En mi caso, si tengo que destacar algo que fuera lo peor… es lo que me dolieron las piernas y los pies de estar toda la gala de pie. Durante el rato de votación, nos sentamos en el suelo muchos, pero aún así, se hizo bastante cansado.

Lisboa

Estaba tan bonita como la dejé, incluso puede que haya mejorado con los años. Siempre he dicho que Lisboa tiene algo que la hace especial.  Por lo menos, para mí, lo es…

Aunque esta vez, esta Lisboa tan portuguesa, parecía más bien española: miraras por donde miraras, veías banderas rojas y amarillas, escuchabas hablar castellano o alguien se ponía a cantar “Tu canción” y todos le seguían. Somos los que más cerca estaban y razones no nos faltaban para ir, este año OT había causado euforia.

Por lo que he leído, unas 57.000 personas se han acercado a la capital lusa y se calcula que 100 millones de euros se han quedado allí. En mi opinión, podía haber sido bastante más dinero de haber habido una buena organización: simplemente, duplicando las barras en Eurovillage o alargando la hora de cierre.

De estos 57.000, muchos éramos primerizos en esto de Eurovisión, y con quien he hablado, todos coincidimos en lo mismo: Eurovisión de 10, pero Lisboa, lamentablemente, no ha estado a la altura: un 10 a la seguridad, a mantener los precios y no abusar de los eurofans, y al buen rollo que había en cada esquina: era maravilloso hablar con gente de todos los países sin el menor tipo de prejuicio, había muchísimo más de lo que nos unía que de lo que nos separaba ¡he ahí lo grande de Eurovisión!. Pero me temo que un suspenso en lo que a Eurovillage se refiere… me voy con un estupendo sabor de boca, pero pienso que podría haber sido incluso mejor.

En cuanto a los resultados de este Eurovisión en el que tantas ilusiones había depositado, tengo que decir, que estoy más que satisfecha: Amaia y Alfred lo hicieron a la perfección, no hubo ni un solo fallo ni nada que recriminarles (no hubo beso, ¿y qué?). La posición no es la que esperábamos ni la que nos hubiera gustado y probablemente, tampoco es la que nos merecemos; pero nadie se sorprende si digo que además de la canción, la puesta en escena dejó mucho que desear, la organización de RTVE no estuvo a la altura, hay mucha política e intereses de por medio… y otros factores que con Lo malo, también hubieran afectado y este debate que ahora tenemos, sería a la inversa.

Creo que Israel fue justa ganadora y, en mi caso, mi favorita desde que la escuché: Lisboa se rindió a sus pies y sólo había que ver cómo la coreábamos todos para saber que era ella, y no otra, quien merecía el aclamado galardón. Y de las demás, diré que hay muchas que me gustan y que si hubiera tenido que hacer un ránking, habría hecho tres: uno según lo que vi en el ensayo, otro según la TV y la puesta en escena y, por último, la de la canción cuando la escucho en el coche sin fuego ni florituras. Dicho esto, sigo eligiendo a Israel como la mejor y pensando que Almaia sacó un sobresaliente en su actuación.

Y ya, como reflexión para próximas ediciones a las que pienso aficionarme más si cabe, cito a un amigo mío que siempre dice: “quien tiene magia, no necesita trucos”. Bueno, tal vez en Eurovisión sí.

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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