Las 12 razones por las que me gusta compartir coche

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Llevo cerca de 5 años compartiendo coche, tanto como conductora como pasajera y, aunque la situación se ha normalizado y mis amigos y familiares han acabado por asumirlo, me han tachado de loca e irresponsable en más de una ocasión. Sin embargo, no estoy loca: hay muchas razones por las que lo seguiré haciendo, y hoy te cuento 12.

Me fui a vivir a Madrid con 21 años, pocos ahorros y un culo demasiado inquieto como para echar raíces en la gran ciudad. De hecho, por aquel entonces, aquello de mudarme a Madrid había sido un “sí pero no”: alquilé una habitación y encontré un trabajo “de lo mío” que me encantaba pero con el que no llegaba al día 2 de cada mes (correcto, de becaria). Para subsanar esta situación, continuaba trabajando en el restaurante al que iba los fines de semana mientras estaba en la universidad en Bilbao. Es decir, durante mis primeros meses en Madrid subía todos los fines de semana a Bilbao para seguir trabajando y así poder valerme por mí misma: durante 7 días a la semana (generación perdida, dicen).

Mi situación laboral mejoró (a Dios gracias), pero seguía teniendo otros muchos motivos para viajar… tanto a Bilbao como a Valencia, Albacete, Barcelona… (y si no los tenía, me los inventaba. Estar quieta, nunca ha sido mi opción). El caso es que por h, por b, o por mi nomadismo congénito, llevo 5 años compartiendo coche y, lejos de dejar esta práctica… cada día soy más asidua:

  1. En primer lugar y, como es obvio: el dinero. Está claro que tanto si eres pasajero y sobre todo, si eres conductor, al compartir coche te ahorras un dinerillo. Es verdad que cuando “empecé en este mundillo” era más económico que ahora (y culpa de ello tienen las recomendaciones que hacen las propias plataformas) y que, por aquel entonces, la competencia no se había adaptado (tampoco lo ha hecho mucho ahora). Sin embargo, creo que sigue siendo más barato compartir coche que coger un autobús (por no hablar del lujo que supone un tren o un avión para bolsillos como el mío).
    Después de haber sido tanto pasajera como conductora, reconozco que, como conductora, el viaje es más rentable -a corto plazo– ya que con el importe de los pasajeros, se puede llegar a cubrir casi la totalidad del viaje. (Digo a corto plazo, porque cuando el coche se avería, hay que cambiarle el aceite, las ruedas y demás… no hay nadie con quien compartir los gastos). Eso sí: he denunciado siempre y seguiré denunciando a aquellos conductores que buscan lucrarse con esta práctica; la idea original es compartir gastos o, a lo sumo, que entre los pasajeros costeen el viaje (siempre y cuando sea más barato que otro medio de transporte), pero bajo ningún concepto, defenderé al conductor que quiera ganar dinero… no olvidemos que son 4 vidas las que van en un vehículo.
  2. Pero no sólo de dinero viven el hombre y la mujer. Algo que valoro enormemente y que compartiendo coche puedo tener más: el tiempo. El trayecto que más veces he hecho ha sido Madrid-Bilbao y, que en autobús se tarda casi 5 horas mientras que en coche compartido, en unas 3,40 se puede hacer. De haber tenido que ir todos los viernes y domingos en bus, probablemente hubiera viajado bastante menos por este motivo.
  3. Relacionado con el punto anterior, es importante destacar la flexibilidad que permite compartir coche: cuando vivía en Madrid, la estación de autobuses me quedaba a una hora aproximadamente en transporte público; mientras que, compartiendo coche, podía elegir entre los diferentes conductores y reservar con alguno que viviera por mi zona llegando tres horas antes a mi destino. También son muchos los que están en un punto de paso del coche y, tras acordarlo con el conductor/a, se ahorran tener que ir hasta el lugar de encuentro.

    Mí "crio"
    Mi “crío” del que me he tenido que despedir hace poquito 🙁
  4. Otro factor a destacar es la puntualidad. Toda la gente con la que he viajado ha sido siempre muy puntual en la hora de quedada pero, si llegas 5 minutos tarde, por mucho que avises a Iberia, Renfe o Alsa… no te esperan. Sin embargo, sí que puedes enviar un WhatsApp al conductor y pedirle por favor que te espere cinco minutos que vas tarde.
  5. La accesibilidad: gracias a la posibilidad de compartir coche, he llegado a lugares para los que antes tendría que hacer mil trasbordos. Por poner un par de ejemplos: no hay transporte directo de Bilbao a Albacete (por no hablar de mi pueblo, que está a 30 minutos)… cada vez que iba, tenía que viajar a Madrid o Valencia y de ahí a Albacete intentando cuadrar los horarios (y por supuesto, tenía que venir alguien a recogerme a Albacete). También tuve una boda en Oporto y no, no hay transporte directo de Bilbao a Oporto… ¿adivináis cómo fui?
  6. Puede sonar ñoño o, habrá quien no lo valore pero, en mi caso: la compañía es fundamental, sobre todo cuando he sido conductora. Creo que un viaje no se hace tan largo cuando vas hablando que cuando vas por la sexta hora y la radio ha repetido ya todas las canciones. Por no olvidar que, al ir entretenido/a es menos probable que sufras distracciones o te duermas y por tanto, es más seguro. Además de que, en caso de que pase cualquier cosa como que te olvides de la ruta o incluso, te empieces a encontrar mal, siempre será mejor tener a un buen copiloto que te pueda echar una mano.
  7. Cuando empecé, podía ser que hubiera pocas opciones y que, ante la duda, la gente prefiriera un bus. Sin embargo, cada vez son más las webs que se ofrecen como portal para encontrar un coche compartido. Personalmente, siempre utilizo Blablacar (es en la que hay una mayor oferta+ofrece seguro de viajes con Axa+es la que inspira más confianza+los pagos son rápidos) y Amovens (no es tan conocida pero todavía permite pagar en mano+en los pagos con tarjeta, la comisión la asume el conductor y es mucho más baja que en el primero).
    Aparte, me consta que hay grupos de WhatsApp y Telegram de personas que habitualmente hacen un mismo trayecto y, al que entras por invitación por lo que se sobre entiende que es gente fiable y que te ahorrarás las comisiones.
  8. Importantísimo: el medio ambiente. Parece que como no nos afecta directamente, no es un factor a tener en cuenta pero lo siento mucho… el medio ambiente es de todos y tenemos que cuidarlo. Cada vez que veo en mis viajes a un conductor viajando solo… ¡me hierve la sangre! Primero porque 4 coches contaminan 4 veces más que 1 y que si compartieran, todo ese dióxido de carbono nos lo podríamos ahorrar. Y segundo, porque si esos 4 conductores fueran en un mismo coche, habría menos coches en la carretera… importante tanto para el medio ambiente como para un menor número de retenciones y menos posibilidad de que haya accidentes.
  9. En épocas de cambio tenemos dos opciones: enfurruñarnos, quejarnos y aferrarnos a lo malo conocido. O por el contrario, adaptarnos y encontrar las oportunidades que nos ofrece la nueva situación. Bien, pues creo que la competencia de estas plataformas de compartir coche ha estado enfurruñada hasta hace bien poco (si es que no lo sigue estando). En lugar de potenciar sus programas de fidelización, bajar los precios, mejorar su oferta con más horarios, enchufes, wifi, pantallita… han perdido años y años en los tribunales, quejándose y perdiendo a usuarios que, como en mi caso, ha terminado por cogerles manía. Señores, este no es el camino: o innovamos o morimos.

    Foto de Johannes Plenio, de Unshplash
    Foto de Johannes Plenio, de Unshplash
  10. Un dato para las personas más empíricas y racionales: en cinco años viajando prácticamente, todos los fines de semana, no me ha pasado ni una sola cosa mala. ¿Da que pensar no? Es cuestión de estadística. Está claro que, en cualquier momento puede pasar. Pero también me puede pasar por la calle, viajando, en el metro o a saber. Soy de las que piensa que todo pasa por algo y que si tiene que pasar, pasará. Por tanto, evitar algo que a neones nos dice que es seguro y que las estadísticas así lo demuestran… me parecería absurdo. Es un y si… con el que no os animo a quedaros, todo el que lo prueba: repite.
  11. Las valoraciones: todos tenemos un perfil público en estas plataformas (por no hablar de que tenemos pública nuestra vida entera y que si tienes curiosidad por algún usuario en concreto, puedes “investigarle”). Esto significa que, antes de aceptar o rechazar a un usuario, podemos ver todas las valoraciones que han hecho los usuarios que han viajado con él o ella antes: son desconocidos los que opinan, sí… pero si alguien tiene 20 opiniones positivas, ¿será por algo?
    Personalmente, creo que me he convertido en una persona “demasiado” confiada en este aspecto y elijo a los conductores por el horario que mejor me viene y, a los pasajeros, les acepto automáticamente sin pararme a mirar lo que los demás piensan de él o ella. 
    Cuando cuento esto, algunas personas me dicen: con la de cosas que pasan en el mundo, ¿cómo te atreves? Bueno, pues me “atrevo” o más bien, animo a hacerlo porque todos tenemos derecho a tener una primera vez. Nadie nace con los comentarios (positivos o negativos) añadidos a su perfil, por lo que ese viajero puede ser una bellísima persona que se enfrente a su primera vez y necesita un voto de confianza.
  12. Igual es una experiencia personal pero con todo aquel que lo comento, coincide. Compartiendo coche he conocido a gente interesantísima, sé de parejas que han surgido en uno de estos viajes, gente que ha encontrado trabajo, nuevas amistades… al fin y al cabo, todos los que realizamos esta práctica tenemos algo en común y es una forma de conocer gente y de charlar con personas que, de otro modo, tal vez nunca hubieras conocido.
    De hecho, me atrevería a decir que el perfil de la persona que comparte coche es (o al menos era al principio) muy similar: generalmente siempre es gente extrovertida, con estudios, que ha vivido fuera y/o que le gusta mucho viajar.

Os lo digo de verdad y os aseguro que no me paga nadie por escribir este post: tengo amigos gracias a mis años compartiendo coche, he aprendido, me he reído, he descubierto cosas, he conocido a gente extraordinaria, he viajado más de lo que hubiera podido, he ahorrado (o invertido ese dinero en más viajes)… He tenido cientos de veces este debate con amigos y conocidos y os prometo que todavía nadie me ha dado un argumento que me haga pensar que no merece la pena. Y os lo prometo: quien prueba, repite. Para que os hagáis una idea, hasta mis padres lo usan ya 😉

Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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