Ruta de un día por Rotterdam, Delft y La Haya

Hubiéramos hecho muchas más paradas de haber tenido más tiempo. Sin embargo, en esta vida hay que escoger y nosotros decidimos apostar por Rotterdam, Delft y La Haya.

Para ser honestos, a Rotterdam fuimos por convicción: habíamos estado allí hacía 10 años y nos apetecía revivir la experiencia. En el caso de La Haya, además de que nos pillaba de paso, en los últimos días había protagonizado demasiados titulares por un militar que se había suicidado allí mientras lo juzgaban, por lo que había despertado nuestra curiosidad. En último lugar, Delft fue nuestra mejor casualidad del viaje: simplemente, se cruzó en nuestro camino y paramos sin saber muy bien lo que nos íbamos a encontrar. Qué craso error hubiera sido pasarlo por alto, y qué cerquita estuvimos…

Obviamente, estos tres destinos encajaban en la ruta que queríamos hacer entre Vlissingen (donde dormimos la noche previa) y Ámsterdam (donde dormiríamos esa noche). Si bien es cierto que nos planteamos otras alternativas como Uttrech o Volendam… pero finalmente, estas (y tantas otras) han acabado por convertirse en un nuevo motivo para volver a Holanda.

Como comentaba, en nuestro caso fuimos en coche pero por lo que tengo entendido, es una excursión de un día que se puede hacer perfectamente desde Ámsterdam ya sea en coche o con un tour contratado. En transporte público supongo que se podrá, aunque habría que cuadrar muy bien las horas. Y, ¿qué nos encontramos?

Rotterdam, un paso por delante de Holanda

La ciudad con el puerto más grande de Europa ya tiene de por sí, una batalla ganada en esto de lugares que visitar. Vaya por delante que, como adelanté en el post-resumen de nuestro road trip por Bélgica y Holanda, a mí me dejó fría. Equidistante. Había estado 10 años atrás y probablemente, tenía un recuerdo, tal vez difuso, pero idealizado. En esta ocasión, lo visitamos en profundidad (con permiso de la nieve) y puede que lo que me faltara fuera “la magia de Holanda”, sus calles bohemias de pintores y buscavidas.

Rotterdam es vanguardia desde que pones el primer pie en el suelo. Sin ser una entendida en la materia, también diré que es arquitectura en cada calle. Y diseño, mucho diseño. Cada edificio te sorprende con unas formas a las que no estamos acostumbrados… y lo mismo te encuentras unas Casas Cúbicas que te piden a gritos una foto artística o un gran mercado bajo un arco en el que te quedarías a vivir. El gran Markthal acoge olores y sabores de todo el mundo y te invita a probarlos a cada paso.

Sin alcanzar sus alturas, Rotterdam es una little New York que hasta tiene su propia sede de The  Manhattan Hotel, el Milleniumtoren. Por no hablar de su Biblioteca Pública a la que rodean unas tuberías amarillas gigantes (de dudoso gusto, en mi opinión) o de Blaaktoren, el edificio lápiz.

En definitiva, supongo que de no pertenecer a Holanda, Rotterdam me generaría más simpatía. O tal vez, viviéndola sin prisa y paseándola sin frío. No fue la ocasión o no estábamos hechas para caernos bien, el caso es que de nuestro viaje… fue el destino que, aun siendo una parada obligatoria, con menos cariño lo recomendaría.

En busca de la llama de la paz en La Haya

No es moco de pavo. Se trata nada más y nada menos de la ciudad desde donde se mueven los hilos del país: su política, administración, monarquía, diplomacia… La Haya acoge todos estos organismos propios de su país y va más allá, con el Tribunal Internacional de Justicia. Ciudad y Corte de Holanda, tercera ciudad en número de habitantes… simplemente por los datos, ya reúne motivos más que suficientes para ser visitada.

A diferencia de Rotterdam, La Haya respira Holanda en cada calle. Tiene sus propios castillos (Binnenhof), canales, puentes de piedra y cafés con encanto. Y no sólo es una cuestión de estilo, sino también de alma. País de corazón democrático por convicción, no se cierra a los visitantes: todos los edificios institucionales están abiertos al público y puedes pasear con la tranquilidad de quien está en su casa, aunque no lo esté. El Manantial de la Corte ofrece su foto de postal con las aguas del Hofvijver como testigo, un estanque que sobrevive al paso de los años y que conoció los orígenes de aquel castillo en el siglo XIII.

Y sin embargo, La Haya no es sólo medieval. También te sorprende con edificios en forma de corsé y fachadas falso-antiguas, Haagsche Bluf. Y también hay una Haya escondida en sus patios interiores que surgieron para acoger a los más desfavorecidos. Pero además, La Haya es arte en sus museos a través de los ojos de una joven de la perla.

Para terminar, diré que La Haya son ganas de más: con las que me quedé de poder saborearla con permiso del frío y del reloj.

Delft, nuestra mejor casualidad

Para ser totalmente sinceros, desconocía de la existencia de este lugar del mundo hasta que comenzamos a organizar este viaje. De hecho, tampoco paramos allí porque fuera nuestra meta, sino que su ubicación (a 15 kilómetros de La Haya) y los comentarios que leímos en Internet, pusieron la guinda en el pastel.

Qué grata sorpresa. Qué bonita casualidad. Qué oportuno descubrimiento. Delft coge lo mejor de cada rincón de Holanda y lo pone para deleite de nuestros ojos en una pequeña localidad sin masificaciones, ni bicis que te arrollan, ni turistas de guion. Parece sacada de una obra de arte, un lienzo barroco de Wermeer que cobra vida en cada esquina.

Delft no tiene un gran monumento must see, sino que te invita a pasearla por sus canales con farolillos, te dice que la cruces por puentes dignos de beso de película, y te pide  que te quedes un ratito más. Que todavía puede convencerte de que la disfrutes desde sus terrazas y termine por conquistarte. Una delicia, conocida por lo visto por su cerámica azul, de la que yo salí totalmente prendada.

Me cuesta encontrar las palabras para describir Delft al lector porque pienso que es uno de esos rincones del mundo que vive de sensaciones. No hay una escultura que nombrar o un parque al que aludir. Es una ciudad de paseos por la que perderse y, para románticos como yo, de la que enamorarse.

Como ya adelanté en algún post o habréis ido leyendo entre líneas, yo no hablo de qué ver o qué hay que dejar de ver en una ciudad. No soy quién ni me apetece serlo, para eso hay muchas guías y expertos. Yo me limito a hablar de sensaciones. Intento plasmar con palabras lo que un lugar me hace sentir. Describo destinos para poder viajar a ellos con los ojos cerrados e intentar imaginarlos. Soñarlos. Obviamente, no soy objetiva ni pretendo serlo. Tampoco busco contentar a cualquiera ni que todos se sientan identificados con estas opiniones.

Yo simplemente os cuento lo que, por suerte, viví y sentí y, aunque muchos defensores de Rotterdam vean incomprensible lo que estoy contando, a mí fue Delft quien me robó el corazón. Por ello, y sin lugar a dudas, recomiendo esta excursión de un día por estos tres rincones holandeses que tanto tienen que ofrecer… y, a los afortunados, les diría que intentaran dedicarle más de de 24 horas al “pack completo” para poder deleitarse.

La locura es el origen de las hazañas de todos los héroes – Erasmo de Rotterdam

 
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Periodista especializada en Marketing Digital y nómada empedernida por naturaleza: YSIFLY es el lugar en el que hablo sobre mis ganas de no quedarme con las ganas de nada

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