Plan dominguero: subida al Anboto desde Urkiola

Anboto

Junto con Gorbea y Aizkorri (próximamente en YSIFLY – espero), el Anboto es uno de los picos más emblemáticos de la orografía euskaldún y por ello, no podía faltar entre los planes domingueros de este blog. Allá vamos 🙂

  • Tiempo | 4,5 horas con calma
  • Distancia | 11 kilómetros
  • Dificultad | Media – Alta
  • Altura| 1.331 metros

Leyenda y magia

Cabe destacar que, con sus 1.331m no es la cima más alta de Euskadi, ese honor se lo llevan Aitxurri (1.551m), Aizkorri (1.528m) y Arbelaitz (1.513m). Sin embargo, sí que es uno de nuestros montes más mítico y místico a partes iguales por ser el hogar de la Dama Mari. Los que somos o hemos crecido aquí, hemos oído hablar de Mari desde bien txikis en el colegio, puesto que se trata de la diosa vasca de la tierra y uno de los personajes más relevantes de la mitología vasca.

Cuenta la leyenda que, aunque Mari vivió en diferentes montes y cambiaba cada 7 años, la cueva del Anboto fue su principal morada, hogar que hoy en día se puede visitar en su pared vertical, justo bajo la cumbre (no fue nuestro caso). Suyo era el poder de dominar la climatología y la fuerza de la tierra y, además, tenía la potestad de castigar la mentira, el robo y el orgullo. Son muchas las historias que se cuentan sobre Mari, y aunque los años, han ido engrosando la leyenda, no cabe duda de que su testigo quedó en una montaña tan mágica como es el Anboto.

La ruta desde Urkiola

Como todo en la vida, tenemos diferentes opciones a elegir para llegar a nuestra meta. En nuestro caso, partimos desde Urkiola e hicimos la ruta clásica para llegar a la cima. Durante el camino, vimos la opción de “crestear” que os contaré más adelante, por la que no optamos y, salvo que seáis experimentados en esto de ser mendizales, no os la recomendaría bajo ningún concepto puesto que puede ser muy peligrosa.

El punto de partida de nuestra ruta, comienza y termina en el Santuario de Urkiola. Además del parking que hay en las faldas del templo por donde pasa la carretera, podemos subir y apurar un poco más y dejarlo en otro parking que hay justo detrás del Santuario, donde empieza la subida.

Aquí, vamos dirección Urkiolaguirre / Urkiolamendi por donde comenzaremos a ascender muy poco a poco, por un tramo sin mayor complicación. Por el camino, dejaremos a un lado los árboles y las vacas a medida que las vistas del Duranguesado van abriéndose paso y dándonos pistas sobre todo lo que nos encontraremos en esta ruta en cuanto ganemos altura. Es más, desde este camino podremos ver otros picos míticos y tratar de adivinar de cuáles se tratan; ¡Gorbea y Mugarra son fácilmente identificables!

De hecho, a medida que íbamos subiendo e identificando picos, íbamos imaginando lo tremendamente preparados que han de estar quienes participan en la Hiru Haundiak, una prueba de fondo histórica en la que, los mendizales más valientes, compiten por coronar los 101 kilómetros que suponen Gobea, Aizkorri y Anboto en menos de 24 horas. Ahí es nada.

Al fondo Gorbea

Llegamos a las campas de Pol Pol

Calculamos que esta ascensión ocupó algo menos de 3 kilómetros hasta llegar a las campas de Pol Pol, el lugar que definitivamente, parece el punto de partida hasta el hacha de la cima. De hecho, en estas campas había más de un dominguero que había ido a pasar un buen rato en familia sin intención de plantar más cara al Anboto que la de un rato haciendo volar su cometa.

Si giramos a la derecha, llegaremos a la fuente de hierro, un buen lugar para llenar las botellas de agua bien fresquita antes de comenzar la ascensión de verdad.

Fuente de Hierro

En este punto, el camino sigue siendo evidente, así que no tenemos más que seguirlo para ir dirección Anboto. Llegaremos a una curva con una señal, en la que por la parte derecha el camino sigue dibujado mientras que, en la parte izquierda, el camino ya son los pasos de quienes han optado por una opción no apta para personas con vértigo.

En efecto, el camino de la izquierda, además de a otros picos si nos desviamos, nos llevará a crestear hasta la cima por el Paso del Diablo desde Larrano a Anboto. Puede llamar nuestra atención y representar un riesgo muy ligado a la adrenalina de más de uno que le gusta vivir al filo de lo imposible, pero insisto: poca broma. En una década, el Paso del Diablo se ha cobrado 10 vidas en una década de quienes se veían capaces y no pudieron terminar su ruta…

POL POL

Así pues, como personas precavidas y no profesionales que somos, optamos por el camino bien marcadito de la derecha por el que, a medida que avanzamos, vamos dejando a nuestra derecha el refugio hasta llegar al collado de Pagozelai.

Aquí, volvemos a tener un cartel que nos indica que, hacia la izquierda subimos al Anboto y, hacia la derecha, a las campas de Zubalandi. Desde estas últimas, también es posible subir al Anboto, pero nosotros optamos por ir directamente hacia la izquierda hasta terminar el camino.

El refugio

Nos toca elegir, hayas o piedras

Una vez terminado el camino, nos encontramos las primeras piedras del macizo que marcarán nuestra ruta a partir de ahora. Llegados este punto, el camino deja de estar marcado como tal y, es nuestra propia intuición y la estela de otros mendizales, los que marcan el camino a seguir. En nuestro caso, subimos por la zona rocosa (derecha) y bajamos por la parte de las hayas (izquierda).

A la izquierda las hayas y a la derecha las piedras

Mentiría si dijera que esto fue premeditado o que teníamos claro hacia donde teníamos que ir o cuál era el mejor camino. No obstante, la cima está muy bien dibujada en lo alto de la montaña, por lo que nuestro único objetivo, es simplemente “subir”, sea por donde fuere.

 

Personalmente, creo que la parte de las hayas es mucho más sencilla y cómoda, tanto para subir como para bajar. No obstante, disfruté más en la parte rocosa, donde por momentos, tuve que utilizar manos y brazos para impulsarme y creerme escaladora improvisada. Además, las vistas desde esta parte, para quien no tiene vértigo insisto, comienzan a quitar el hipo, como ante sala de lo que encontraremos cuando lleguemos arriba. Desconozco la longitud de este tramo, pero me atrevería a decir que es bastante corto y que en cuestión de media hora, estábamos en “la parte previa al pico”.

Un último empujón

Cuando terminamos la parte de las piedras o hayas, parece que hemos llegado al final, pero queda un último repecho (el más divertido) que requerirá toda nuestra atención. Son muchos los que optan por quedarse en este punto puesto que, la parte final, sí que precisa concentración, esfuerzo y también, buenas condiciones climatológicas.

En nuestro plan dominguero, la roca estaba completamente seca por lo que no tuvimos riesgo de que resbalara, pero de haber estado húmeda, dudo que hubiéramos decidido avanzar. En este punto, las paredes se precipitan verticalmente y una mala caída, podría ser un gran susto.

Ojo, no quiero asustar pero sí creo necesario encomendar cuidado y atención a quien decida hacerla. Ojo VIS: yo la hice y no me costó lo más mínimo y, no destaco precisamente por mi falta de torpeza o mis capacidades físicas, así que cualquiera sin vértigo y con buen calzado lo haría sin problema.

La review

Y llegados a este punto: GUAU, QUÉ FANTASÍA. El universo entero a nuestros pies y una vista panorámica de la inmensidad. Tuvimos la suerte de que hizo un día estupendo y sin viento (no puedo decir lo mismo de ninguna de las veces que he ido a Gorbea), por lo que me hubiera podido quedar horas allí sentada admirando lo bonita que es la vida, cargando pilas, inhalando lo verdaderamente importante y exhalando todo lo que me sobra.

Vaya vistas

Llegados a este punto y si es que quedaban dudas, que no es mi caso, entiendes que los esfuerzos han merecido la pena. Que nuestra capacidad de sorprendernos todavía no ha llegado a su tope y que el mundo es demasiado bonito como para que lo desaprovechemos o maltratemos.

Las comparaciones son odiosas, pero también nos dan escalas así que me acogeré a mi derecho a usarlas en mi blog como me plazca. La subida al Gorbea me parece más dura que al Anboto, tengo la sensación de que es más larga y, la zona de piedras y, sobre todo la última cuesta, creo que son más exigentes. Así pues, el Anboto me ha llegado a parecer más complicado por momentos en los tramos de piedras y, sobre todo, en la parte final. Creo que hay que estar más ágil, mientras que Gorbea es cuestión de resistencia o bien, paciencia y hacerlo con calma.

En definitiva, aunque me encantan ambos y seguiré coronándolos tantas veces como acompañantes consiga, creo que prefiero la subida al Anboto. ¡Nos vemos en el próximo plan dominguero!

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