Excursión al Valle Sagrado de los Incas: ruta completa en un día

Moray

Leyeras donde leyeras qué ver en Perú, el Valle Sagrado era un must que recomendaban en todos los blogs. ¿Qué tiene de especial?, pues que la palabra sagrado no es un apellido pomposo que se ganó al azar: es una evidencia, que descubres desde el primer momento que pones el pie en alguno de los 6 pueblos que lo componen.

Aprende, trabaja y ama

Pisac

Este era el lema que regía la vida de los incas que, para decir verdad, no eran «los incas»: los Incas eran únicamente los emperadores de este pueblo quechua que llegó a ser uno de los grandes imperios que ha habitado la tierra, extendiéndose desde Ecuador hasta Argentina.

En total fueron 14 gobernantes desde sus inicios, aunque sólo los cinco últimos son considerados históricos: a partir de Pachacutec, el gran Inca que lo convirtió en lo que en quechua se conoce como el Tahuantinsuyo (el gran imperio Inca) y que, bajo sus órdenes, se erigió el infinito Machu Picchu.

La verdad es que, tras haber visitado Perú, me doy cuenta de lo poquísimo que sabía de este imperio más allá de mis estereotipos y de lo grandísimo que llegó a ser. Lejos de hacer sacrificios humanos como nos cuentan las películas, eran unos tecnólogos, matemáticos, arquitectos e inventores que ya los quisiéramos ahora y todo ello, sin escribir: únicamente con comunicación oral. Fueron capaces de hacer una red de caminos más extensa incluso que el imperio romano y tenían una forma de ver la vida que partía de la base del respeto a la naturaleza, que no transformaban sino a la que se adaptaban. La diosa Pachamama.

Chinchero

El centro del gran imperio, el Tahuantinsuyo era Cusco, donde confluían los cuatro puntos cardinales y de ahí, que le llamaran el ombligo del mundo. Si vas a Perú, verás referencias al puma, al cóndor y a la serpiente en cada esquina, ya que esta divina trilogía andina, representa en la cultura quechua el cielo, la tierra y el mundo de los muertos. Es más, precisamente por ello, Cusco, tenía en sus orígenes forma de puma, se cree que Pisac de cóndor y, el río Urubamba sería la serpiente.

Un dato curioso de Cusco para que no te sientas tan paleta como me sentí yo: cuando puse el primer pie en esta ciudad pensé, hay que ver lo tolerantes que son en esta ciudad y cuánto apoyan al movimiento LGTBI, qué bien. Y, oye, no digo que esto no sea cierto, pero su bandera ubicada cada 10 metros me confundió: es prácticamente igual, aunque con un color de diferencia (la de Cusco tiene 7 colores y la LGTBI 6).  La verdad es que ambas surgieron en fechas similares (década de los 70), y aunque en ambas, el arco iris parece ser inspiración, las motivaciones y mensajes son, diferentes.

Cuanto más me adentré en la cultura andina, más iba pensando que esta gente no daba puntada sin hilo, y más me iba preguntando, cómo habían sido capaces de construir a semejante altura algunas construcciones que hoy siguen en pie, y cómo tenían una cultura tan fuerte y respetuosa.

Haciendo amigas

Todo aquello, acabó cuando llegamos nosotros, los españoles y… la verdad es que, aunque tú no hayas tenido absolutamente nada que ver en aquellas tragedias y masacres que ocurrieron hace siglos, cuando los guías te cuentan lo que ocurrió, por momentos te sientes pequeña y preferirías ser transparente. O al menos, preferirías que nadie te preguntara dónde naciste para no sentirte culpable por algo ajeno a ti.

Planificando la ruta

Ahora que ya sabemos mucho más sobre este, insisto, apasionante imperio, vamos a adentrarnos en su Valle. Antes de nada, como en todo existe la posibilidad de hacerlo por tu cuenta, pero como he dicho en varias ocasiones, en este viaje a Perú, creo que sin lugar a dudas, interesa cogerlo por una agencia que, por unos 15€ el día, vamos a poder aprovechar mucho más.
Yo en las salinas

Si decides hacerlo por agencia, tendrás que saber que hay dos opciones: hacer la ruta en dos días, o bien, hacer la ruta completa en un día. Todo depende del tiempo que tengas, claro. En nuestro caso, hicimos la ruta completa en un día, y he de decir, que me quedé con la sensación de haber podido disfrutar bien de cada parada que incluía la ruta y de no haber tenido que ir corriendo ni con la lengua fuera.

Incluso, si volviera a repetir el viaje y tuviera más días en Cusco, probablemente, volvería a hacer esta ruta en un día y dejar el día «que me sobra» para otra excursión. Pero claro, esto es al gusto del consumidor… hay quien dice que quien mucho abarca poco recoge. Yo más bien, soy de pensar que no me quiero quedar con las ganas de nada y que, con un poco de esfuerzo, todo es posible. La vida es de los valientes, ¿no? 🙂

Qué mona ella

Es importante tener en cuenta que, elijamos lo que elijamos, tendremos que comprar el famoso «boleto turístico» del Perú, ya sea entero o parcial (en este caso 70 PEN – 19€). Se trata de un pase que incluye entradas a diferentes puntos emblemáticos de la zona. Nosotros, para hacer la ruta del Valle Sagrado al completo, compramos la opción de parcial ya que nos permitía entrar a todos los puntos que nos interesaban. El boleto completo, incluye a diferencial del parcial, entradas a diferentes templos de Cusco y esto ya… al gusto del viajero, en mi caso creo que hicimos lo correcto.

Nos adentramos en el Valle Sagrado

A las 5,30 de la mañana, parte el, llamémosle comboy (una furgoneta grande), a recoger a todos los viajeros por sus diferentes hoteles. (Sí, puede que seas el último y te recojan a las 6,15 y tengas que estar esperando, así que mejor en recepción). Personalmente, me pareció que acertamos sin lugar a dudas con la agencia que escogimos, ya que hablando con otros viajeros, su plan incluía menos visitas que la nuestra por el mismo coste o superior. Fue pura casualidad, pero benditas sean esas casualidades 🙂

Chinchero
Chinchero

Están situados en la Plaza de Armas y, aunque no recuerdo el nombre con certeza, me atrevería a decir que eran Inca Trail. De hecho, contratamos con ellos con antelación, la excursión al Valle Sagrado, Montaña de 7 Colores y Humantay, a 50PEN cada excursión y, 100% recomendables.

  1. Parada – Taller de artesanales: en esta primera parada, intentaron engatusarnos, pero estábamos todavía demasiado dormidos. Paramos en un taller de artesanales, donde un par de chicas muy amables y ataviadas con el traje andino y el bebé colgado entre mantas, nos explicaron cómo hacían jabón natural y tinte natural para la ropa. Así, también nos dieron un mate de coca y nos animaron a comprar sus artesanales… pero ya os digo, que declinamos amablemente la invitación.

  2. Parada – Chinchero: conocida como la ciudad Arco Iris, este Conjunto Arqueológico está resguardado a las faldas del Salkantay, Verónica y Soray. En su día, fue un centro de producción agrícola, y así lo demuestran los balcones que, aún hoy, siguen intactos e inamovibles (tremendos estos incas).
    Cuando paseas por Chinchero, empiezas a tener la sensación de que estás en el Perú de verdad: un Perú que no parece un escenario preparado para turistas, sino que sus vecinos visten con trajes tradicionales, porque es la ropa de su día a día y no un uniforme de trabajo.
    Chinchero

    Andando por Chinchero, el guía nos señaló el horizonte y, aunque precioso, pronto desapareció nuestra mirada de fascinación: ahí es donde está previsto que se construya el nuevo aeropuerto a Machu Picchu. La polémica está servida y, el posicionamiento de los locales más que claro. A pocos les importará el mío, pero obviamente, también me parece bochornoso, irresponsable e innecesario romper parte del Valle Sagrado para construir un aeropuerto más grande del de Cusco con el que atraer turistas a Machu Picchu cuando, por otro lado además, se quiere limitar la afluencia de visitantes para preservar esta Maravilla del mundo. La codicia nos acabará matando, si no lo hace antes la estupidez humana.

    Allí, a lo lejos, el aeropuerto
    Allí, a lo lejos, el aeropuerto
  3. Parada – Salinas de Maras: con 5.000 pozas en las que el 80% está compuesto por sal y, lo restante por agua, a mí este sitio me pareció de lo más curioso. No está cerca del mar ¡a 3.300 metros! y, sin embargo, es uno de los principales productores de sal del mundo: exporta sal gourmet rosada, del mismo modo que sólo lo hacen el Himalaya, Polonia y Bolivia y que está considerada única y llena de propiedades.
    Realmente, el agua proviene de un manantial natural, pero es mejor que lo hace por las lágrimas de Ayar Cachi (hermano de Manco Capac) que murió en llanto al no poder fundar el imperio. Qué maravillosas son las leyendas.
    Las pocitas
  4. Parada – Urubamba: esta es otra de esas paradas curiosas que hubo durante la ruta. Además de poder ver el pueblo, nos pararon en una tienda (vaya), en la que pudimos probar el chocolate con sal de maras y otras cosas. Aquí, me vais a permitir que, como amante del chocolate, no pueda defender que lo mezclen con ingredientes salados (ni con licores, ni con naranja. El chocolate ya es delicioso por sí mismo, no hay ningún tipo de necesidad).
  5. Parada – Moray: aquí la verdad es que también me quedé alucinada. La gente del imperio Inca, decidió construir aquí, nada más y nada menos que a 3.500 metros sobre el nivel del mar, sus laboratorios agrícolas. Dentro de cada uno de estos cuatro andenes circulares, cada anillo tenía un microclima diferente, de forma que, plantaban las patatas por poner un ejemplo y veían a qué temperatura y en qué condiciones, salía más rica… y todo esto, hasta con 250 vegetales distintos. Además, idearon un sistema de riego a partir de la lluvia. Y todo esto sin apuntar ni un dato que recordemos que no sabían escribir. ¿No os parece una locura lo de estos incas? ¿y nosotros mientras tanto qué hacemos?
    Moray
    Como dato curioso, cuentan que, el símbolo de la Pachamama (que me lo he traído en colgante y llavero a ver si a mí también me inspira y me da paz), está inspirado en el paisaje que dibuja Moray.
  6. Parada – ¡a comer! nos llevaron a un restaurante buffet donde tuvimos unos 40 minutos para ponernos las botas y probar un montón de comida típica.
  7. Parada – Ollataytambo: precisamente, después de comer, los 268 escalones que componen sus ruinas, es lo que más nos podía apetecer. Cuentan de Ollataytambo, que es la ciudad inca viviente, porque todavía conserva muchas tradiciones incas en su día a día, como por ejemplo, la de las colcas: «almacenes» naturales en la montaña para mantener la comida fresca.
    Ollataytambo

    Aquí, descansan las ruinas del Templo del Sol, un templo inacabado construido contra todo pronóstico y gravedad. De hecho, los más incrédulos (o frikis creyentes de los ovnis), creen que esto no pudieron construirlo los seres humanos con los medios que tenían, y que tuvieron que echar mano de alguna ayuda… extraterrestre.
    Paranoias aparte, el templo quedó sin acabar, por motivos que aún hoy se desconocen, aunque son muchos los que dicen que, la invasión española, tuvo mucho que ver. El guía nos contó, aunque no he encontrado información al respecto, que se llegó a realizar un experimento para comprobar la fuerza necesaria para mover semejantes piedras: por un lado, un grupo más numeroso de fornidos hombres que fue incapaz de mover un centímetro. Por otro, un grupo más minoritario de locales de todas las edades, que pudieron desplazar levemente la piedra gracias a su alimentación y su resistencia a la altura. Cierto o no, ahí queda.
    En cualquier caso, y como dato, Ollataytambo es el lugar de partida del tren hacia Machu Picchu.
    Ollataytambo
  8. Parada – Pisac: a estas horas del día, nos vamos sorprendiendo menos, pero no por ello, Pisac y sus vistas dejan de ser menos espectaculares. Viene a ser un centro astronómico para el imperio (estos incas tenían de todo).
    En las montañas que están alrededor del mirador, podemos ver antiguas tumbas y, muchas de ellas saqueadas: los incas creían en la reencarnación, por lo que eran enterrados con sus objetos de valor, para poder tenerlos en su siguiente vida… algo que a los ladrones, no terminaba de parecerles bien y que prefirieron que eran mejor para los vivos.
    Pisac
  9. Parada – tienda de plata: aquí no me extenderé mucho porque todavía hoy, no entiendo a qué vino esta parada sino era porque la dependienta era familiar del guía. Nos enseñaron a distinguir entre plata buena y plata falsa y claro, nos invitaron a comprar.
  10. Parada – ritual quechua: a escasos kilómetros de Cusco y, cuando creíamos que íbamos a llegar ya, nos pararon en medio de la nada en plena oscuridad. Por momentos, pensamos, este es nuestro final pero la cosa, mejoraba por momentos…
    Nos llevaron a una especie de porche (seguíamos en la penumbra) y apareció un señor ataviado con el traje tradicional y hablando en quechua. De repente, comenzó a hacer gestos raros, decir cosas raras e invocar a los dioses quechuas (o eso creo). Acto seguido, se acercó uno a uno donde nosotros, nos dio una planta, nos invitó a pensar en un deseo (creo) y nos zarandeó, para después pedirle a los dioses quechuas que nos ayudaran a cumplirlos.
    El mío de momento no se ha cumplido, pero guardaré mi secreto pensando que aquel siniestro hombrecillo, me ayudará a hacerlo realidad 🙂
    Ritual quechua

Finalmente, a las 20:30 aproximadamente, llegamos a Cusco, agotados pero más que satisfechos de la gran ruta que acabábamos de hacer. No sé qué sensación fue la de los demás viajeros, pero en mi caso, volví realmente impresionada. Sabía que Machu Picchu y la Montaña de 7 Colores me iban a impresionar y, tal vez por mi «falta de interés y conocimientos» en historia, arqueología etc (sí, sé que no es cool decir esto y que lo que posturea es decir lo contrario, pero sorry), tenía menos expectativas en el Valle Sagrado. Sin embargo, este lugar despertó una curiosidad y un interés en mí, que hasta entonces no existían y, desde entonces y gracias al recuerdo de los incas, he leído mucho sobre esta cultura que, aun habiendo desaparecido hace cientos de años, tiene mucho que enseñarnos.

A mi izquierda, las tumbas saqueadas

Viajar es aprender. Es coger tus estereotipos y hacerlos trizas. Es una cura de humildad. Es sorprender a tu capacidad de sorprenderte. Es tolerancia, ilusión y libertad. Y es el valor que te traes de vuelta a casa, que te hace sentirte capaz de todo después de lo vivido. Y esas ganas de más… de morirte de ganas de vivir. Eso es lo que me hace feliz. Vamos a por más.

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